Ferrocarriles

Nunca tuve miedo de la vibración de la tierra. En la pequeña colonia ferrocarrilera en la que crecí, en Tlalnepantla, Estado de México, las máquinas llegan a ser reparadas durante la noche y parten antes del amanecer: a las cinco de la mañana los cristales tiemblan y nuestro gallo es un tren abandonando la estación. Tanto el arribo como la partida tienen su propia estridencia y ambos, a su manera, hacen que se mueva el piso. Por lo que, de no ser por el sonido, sería difícil distinguir bien un temblor de los sacudimientos producidos por el paso del ferrocarril, los cuales también con el tiempo han causado grietas, ventanas rotas y deterioros en las estructuras de los alrededores.

Para seguir leyendo en La Kaja Negra.

 

1 comentario en “Ferrocarriles

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close